top of page

El día que dejé de correr

  • 18 ene
  • 5 Min. de lectura

Aprender a adorar sin agenda

Hubo una frase que me asustó más de lo que quisiera admitir: ¿Y si no hay planes?

No apareció como una pregunta lógica, sino como un susurro interno que me descolocó. Porque yo soy una persona que corre, que planifica, que ordena el futuro en listas. Desde diciembre, por años, hacer listas de metas era casi un ritual sagrado. No hacerlo, en algún punto de mi vida, era sinónimo de mediocridad, de falta de visión, de haber dejado de soñar.

Por eso, cuando llegó el 2026 y me senté a escribir mis planes, algo inesperado ocurrió: mi corazón estaba en blanco. No vacío, no triste, en blanco.Y tuve miedo.

Pensé: ¿Acaso dejé de soñar? ¿Me estoy apagando? ¿Será que ya no tengo fe, ambición santa, expectativa?

Durante años aprendí que avanzar era sinónimo de planear, y que no tener metas claras era quedarse atrás. Así que enfrentar ese silencio interior me confrontó más que cualquier crisis externa.


El 2025 había sido un año intensamente movido. Lanzamientos de libros, congresos, viajes, responsabilidades, decisiones. Un año marcado por mucho movimiento… y por una herida profunda: la muerte de mi papá. En medio de todo eso, aprendí algo que ninguna agenda enseña y que ninguna meta puede garantizar: la presencia de Dios es lo más esencial que tenemos. No Su obra. No Sus promesas. No Sus bendiciones. Su presencia.


El 7 de enero de 2026 me encontré frente a una versión de mí que no conocía: Adriana sin lista de metas. Y aunque objetivamente había fechas, compromisos, congresos y proyectos en camino —porque los sueños no habían desaparecido—, algo dentro de mí había cambiado. La prisa había cesado. El miedo al futuro ya no estaba. La urgencia por controlar lo que venía se había rendido.Y fue ahí cuando entendí algo profundo: mi camino de libertad no consistía en dejar de soñar, sino en dejar de aferrarme a mis sueños como si fueran mi seguridad. No era la ausencia de planes lo que estaba ocurriendo, sino la reordenación del trono.

Durante años pensé que ser responsable, madura y espiritual significaba tenerlo todo claro. Pero Dios me estaba enseñando otra forma de libertad: confiar incluso cuando el mapa no está dibujado. Descansar sin culpa. Avanzar sin prisa. Reconocer que Sus planes no solo son mejores que los míos, sino más amorosos, más sabios y más alineados con lo que mi alma realmente necesita.


Entendí que hay una diferencia profunda entre soñar desde el control y soñar desde la rendición. Cuando los sueños nacen del control, generan ansiedad. Cuando nacen de la rendición, producen paz. Y yo ya no quería sueños que me empujaran; quería sueños que me sostuvieran.

Quizá este capítulo no se trata de no tener planes, sino de aprender a adorar sin agenda. De descubrir que también se puede vivir en fe sin tener respuestas inmediatas. De entender que la verdadera libertad no está en saber qué viene después, sino en saber con quién camino.

Hoy ya no me asusta tanto la pregunta: ¿Y si no hay planes? Porque he descubierto que cuando no tengo nada que ofrecerle a Dios más que mi presencia, eso es suficiente. Y que a veces, el mayor acto de adoración no es correr hacia el futuro… sino quedarse donde Dios está.


Tal vez este no sea tu caso. Tal vez tú sí has presentado a Dios tus planes, tus metas y tus proyectos con claridad. Y eso está bien. De verdad… excelente. Dios no está en contra de los sueños ni de la planificación; Él mismo es un Dios de orden y propósito.

Pero hoy te hablo desde otra perspectiva. Desde un lugar distinto al de correr. Desde el lugar donde aprendemos a disfrutar el día, el presente, el ahora. Desde la libertad de entender que la vida no se trata solo de llegar a resultados, sino de habitar cada paso del camino.Hay una gracia especial cuando dejamos de correr para empezar a vivir. Cuando aprendemos a disfrutar no solo las metas cumplidas, sino también las pausas, los procesos, incluso ese “sinsabor” que a veces no sabemos explicar. Ese silencio que incomoda. Ese tiempo donde aparentemente no pasa nada, pero en realidad Dios está trabajando en lo más profundo.


Durante mucho tiempo creímos que lo importante era lo que Dios podía darnos: respuestas, puertas abiertas, provisión, éxito, crecimiento. Y sí, Dios es bueno y generoso. Pero en el proceso aprendemos algo más esencial: lo más importante no es lo que Dios nos da, sino en quién nos estamos convirtiendo mientras caminamos con Él. Quiénes somos delante de Dios. Cuánto le amamos. Cuánto confiamos. Cuánto descansamos en Él.

Es en ese lugar —lejos de la prisa y cerca de la presencia— donde entendemos que los planes de Dios no se miden solo por resultados visibles, sino por corazones transformados. Ahí cobra sentido Su promesa: “Porque yo sé los planes que tengo para ustedes… planes de bienestar y no de mal, para darles un futuro y una esperanza” (Jeremías 29:11). No como una frase apresurada para alcanzar cosas, sino como una verdad que se vive desde la confianza.

Hoy entiendo que Dios sigue teniendo planes de bien, planes de abundancia, planes llenos de vida. Pero ya no los persigo desde la ansiedad, sino desde la certeza de que caminar con Él —aun en silencio, aun en pausa— también es parte del cumplimiento de Sus planes.

Y quizás ahí está la verdadera libertad: no vivir obsesionados con lo que viene, sino profundamente agradecidos y conscientes de con quién caminamos hoy.

Porque cuando la prisa se aquieta, algo se ordena por dentro. El corazón deja de exigirse respuestas inmediatas y aprende a confiar sin mapas detallados. Descubro que la fe madura no siempre se expresa en grandes decisiones, sino en una quietud confiada que descansa incluso cuando el camino no está completamente iluminado.

Hay una paz distinta cuando dejamos de medir la vida por resultados y comenzamos a medirla por comunión. Una paz que no depende de metas cumplidas ni de planes ejecutados, sino de la certeza de que Dios no nos abandona en las pausas. En ese lugar, el silencio deja de ser amenaza y se convierte en refugio. La espera deja de ser pérdida de tiempo y se transforma en formación del alma.

Hoy entiendo que adorar no siempre es cantar, servir o avanzar. A veces adorar es permanecer. Es quedarme donde Dios está, aun cuando no tengo nada nuevo que ofrecerle, aun cuando mis manos están vacías de planes y llenas solo de confianza. Y eso, lejos de ser insuficiente, es profundamente agradable a Él.

Porque Dios no busca agendas perfectas, sino corazones rendidos. Y cuando el corazón aprende a habitar Su presencia, los planes —cuando llegan— ya no pesan, no apresuran, no gobiernan. Solo acompañan.




 Espacio de Journaling



Tómate este momento sin prisa. No respondas desde lo que “deberías sentir”, sino desde lo que realmente hay en tu corazón.

  1. ¿Qué emociones despierta en mí la idea de no tener planes claros por un tiempo?

  2. ¿En qué momentos he confundido fe con control o planificación con seguridad?

  3. ¿Qué he aprendido sobre Dios en las pausas, los silencios o los procesos lentos de mi vida?

  4. Si hoy solo pudiera ofrecerle a Dios mi presencia, ¿cómo me siento con eso?

  5. ¿Qué significaría para mí adorar sin agenda en esta temporada?

Escribe con honestidad. Dios no está esperando respuestas correctas, sino un corazón verdadero.



 
 
 

8 comentarios


Que hermosa lectura y de mucha bendición para mí vida ❤️✨

Editado
Me gusta

Invitado
19 ene

Adriii, una bendición tu blog, justo lo que necesitaba, este año fue mi primer año que quise organizar y tener agenda por que tenía actividades, pero me Sucedió algo que me hacia preguntarle al señor que ¿por queee? si este año lo quería iniciar bien, hasta le decía: señor lo organice, hice mis tablas etc. Pero hasta este momento del año e visto que no es en mis fuerzas, todo se va dando incluso a pesar de lo que me sucedió, pero el señor me a dado a entender, que no se dará por mis esfuerzos, por que de El viene todas las cosas. Y eso me a dado descanso

Editado
Me gusta

Kendy
19 ene

Hermoso mensaje!

Cuándo no tengo planes también estoy disfrutando de lo maravilloso que es Dios, él nos llama aún en la quietud 🫶 Este 2026 no quiero correr, quiero caminar y disfrutar los pequeños detalles, acercarme a Dios sin temor aunque este con manos vacías🙌

Me gusta

Linest
19 ene

Que bendición!!


gracias por compartir

Me gusta

Heidy
19 ene

Gracias Dios por usarte,el año pasado pasé algunas situaciones, decisiones difíciles de tomar y me estaba sintiendo exactamente igual en blanco sin nada que planear y pensaba que es esto todo esto que estoy pasando estará bien y le decía al Señor que me estás enseñando qué quieres mostrarme y con tu testimonio me he identificado y me ha mostrado que no está mal el sentirme así. Muchas gracias Adri por compartir ha sido de gran ayuda ❤️Dios te bendiga.

Me gusta

WhastApp

Dirección

Costa Rica.

Redes sociales

  • Instagram
  • Facebook

© 2024 Todos los derechos reservados. ACVU*

bottom of page